La XXI edición del Festival de Junio, el Coro Nacional de Personas con Discapacidad «César Augusto Hernández» presentó el concierto «Reflejos del alma», bajo la dirección de José Azurdia Lamadrid y con el acompañamiento del pianista Joshua Texaj.
La música es el verdadero lenguaje universal, pero ¿cómo compartir un ritmo cuando no se puede escuchar?, ¿cómo seguir una armonía cuando no se pueden ver las partituras? El Coro Nacional de Personas con Discapacidad «César Augusto Hernández» es una muestra de la verdadera universalidad de la música.
Como parte del repertorio, la noche del 3 de junio se estrenó la obra original «Resiliencia: otras formas de ver la vida», una composición de Texaj construida a partir de testimonios y poemas escritos por integrantes de la agrupación.
La obra está conformada por cinco movimientos, distintos entre sí, pero unidos por una experiencia compartida: la de vivir con una discapacidad que convierte la cotidianidad en un desafío constante y transforma acciones aparentemente simples en verdaderas luchas diarias. El título hace referencia a la capacidad de las personas para sobreponerse a las limitaciones, adaptarse a las circunstancias y fortalecerse frente a la adversidad.
La expresión artística como forma de libertad
Según datos del último Censo Nacional de Población, aproximadamente el 10 % de los guatemaltecos vive con algún tipo de discapacidad o condición neurodivergente. Aunque esto representa cerca de dos millones de personas, la accesibilidad continúa siendo un reto que, si bien ha mostrado avances, sigue dejando atrás a una parte importante de la población. Por ello, iniciativas que visibilizan estas experiencias son fundamentales para generar conciencia y promover una sociedad más inclusiva.
Joshua Texaj concibió esta obra como un homenaje a la lucha y perseverancia de los artistas que integran el Coro. Cada uno posee una historia única y, al seleccionar cinco testimonios plasmados en poesías y textos, el compositor logró construir, a través de la música, un recorrido hacia la empatía, la reflexión y el reconocimiento de las distintas formas de experimentar el mundo.
Los textos utilizados fueron: «Melodías apresadas», de Guisela Gálvez; «Mi amigo bastón», de Fernando Zepeda; «Cuando la música vibra», de Flor Marroquín y Oneyda Delgado, con la colaboración de Karen Galindo y Ruth Priego; «Se ve mejor con el corazón», de Alejandra Bolvito; y «Vive y sé feliz», de José Jaco Ramírez.
Experiencias y vivencias a través del arte
Cada uno de los textos aborda diferentes aspectos de la relación de sus autores con el arte y con la vida desde la experiencia de la discapacidad. En «Melodías apresadas», Guisela Gálvez expresa la felicidad de encontrar en el arte una forma de libertad y expresión. Por su parte, Fernando Zepeda relata en «Mi amigo bastón» cómo una herramienta de apoyo puede transformar la manera de desenvolverse en la vida cotidiana.
La conmovedora intervención de Flor Marroquín y Oneyda Delgado, «Cuando la música vibra», destaca entre las cinco piezas por ser interpretada en Lengua de Señas de Guatemala. En ella, las artistas exponen las dificultades que muchas personas sordas enfrentan para incorporarse plenamente al ámbito laboral, una situación que limita sus oportunidades de independencia y desarrollo personal.
Durante esta interpretación, todos los integrantes del Coro participaron utilizando la lengua de señas. Para lograrlo, los artistas con discapacidad visual contaron con el apoyo del personal administrativo de la agrupación, quien les acompañó en el aprendizaje de la pieza.
En «Se ve mejor con el corazón», Alejandra Bolvito invita al público a descubrir la belleza del mundo a través de todos los sentidos, más allá de la vista. Finalmente, «Vive y sé feliz», de José Jaco Ramírez, recuerda que la búsqueda de la felicidad es un camino universal, construido a partir de experiencias y momentos que se convierten en recuerdos.
La sensibilidad artística de los integrantes del Coro Nacional de Personas con Discapacidad «César Augusto Hernández» se refleja en esta obra, que evidencia la madurez interpretativa y el crecimiento vocal alcanzados desde la creación de la agrupación en 2023. Más que un espacio para desarrollar su creatividad, el Coro representa una oportunidad profesional que les permite alcanzar metas personales y artísticas.
Las palabras difícilmente hacen justicia a «Resiliencia: otras formas de ver la vida». Más que una obra musical, es una experiencia transformadora y un profundo ejercicio de empatía que invita a comprender la realidad desde la mirada del otro.